Amanda Violín

abril 5, 2007

Informe PISA 2003 (II Parte)

Filed under: Artículos,Educación — tsaciana20 @ 12:22 pm

Ni en matemáticas ni en ciencia ni en lectura. Los alumnos españoles de 15 años (secundaria obligatoria) no logran alcanzar la media de conocimientos de los países desarrollados. Su nivel se sitúa entre los peores, hasta el punto de que más de un 20% ni siquiera es capaz de superar ejercicios básicos en dichas materias. Tampoco corre mejor suerte el nivel de excelencia, uno de los más bajos de Europa. Así lo demuestra el Informe PISA 2003, que, mediante 275.000 pruebas directas a estudiantes realizadas en los propios centros, compara los resultados educativos de los países de la OCDE. A la cabeza de la clasificación se sitúan, con diferencia, Corea del Sur, Japón y Finlandia.

De mal en peor. Los resultados del segundo gran informe trienal de la OCDE sobre el nivel educativo de los estudiantes de secundaria (15 años) sitúa a España en el furgón de cola y con tendencia a empeorar, con un 23% y un 21% de estudiantes incapaces de alcanzar el nivel básico en matemáticas y lectura, respectivamente, y, además, con exiguos porcentajes de nivel de excelencia. Con un pobre gasto per cápita en educación, por debajo de la media de la OCDE (organización que integra a los 30 países más desarrollados), España ofrece, en contrapartida, una cierta igualdad de oportunidades y una actitud positiva de los chavales hacia la escuela.

El Informe PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes, en sus siglas inglesas), que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) inauguró en 2000 con resultados publicados un año más tarde, ofrece la fotografía más completa y comparativa de los niveles educativos de los jóvenes de un total de 41 países (29 de la organización, pues los datos del Reino Unido no se aportan por considerarlos insuficientemente representativos, y 11 asociados). Es una fotografía fiel basada en los resultados de una serie de tests idénticos a los que se someten cada tres años más de 250.000 estudiantes.

Centrado esta vez en el conocimiento de las matemáticas (el primero se dedicó a la lectura), el resultado de España sigue siendo mediocre y con tendencia a empeorar. Si en 2000 el 20% de los chavales no alcanzaba el nivel mínimo en matemáticas, ese porcentaje se elevó el año pasado al 23%. En el caso español llama, además, poderosamente la atención el escaso nivel de excelencia: sólo el 1% de los estudiantes obtiene la mejor calificación, siendo la media de la OCDE el 4%.

En lectura ocurre algo similar. El 21% de los quinceañeros españoles no alcanza siquiera el nivel básico de lectura y compresión de textos escritos y ha perdido posiciones a nivel general respecto al año 2000. Entre los 29 países de la OCDE se sitúa en el lugar 22º y entre los 40 analizados está en el 27º. En ciencias, se ha perdido algo también en tres años, aunque la OCDE estima que tal pérdida es irrelevante estadísticamente.

Frente a la idea de que en tres años es difícil lograr variaciones importantes, el director de la División de Indicadores y Análisis Educativos de la OCDE, Andreas Schleicher, señala el avance de Polonia, que de los últimos puestos en 2000 ha pasado a colocarse en la media de la OCDE, muy por delante de España, gracias a la reforma educativa acometida por el Gobierno en 1999, tendente a recuperar sobre todo a los peores alumnos.

Finlandia, vuelve a situarse a la cabeza en todas las materias. “Es llamativo comprobar que, lejos de acomodarse”, explica Schleicher, “en Finlandia hay una gran receptividad a escuchar los consejos y observar las buenas prácticas de los demás para mejorar sus resultados”. Tras Finlandia se sitúan, junto a Japón y Corea, un buen puñado de países europeos, lo que promete un mejor futuro para Europa frente a la gran potencia estadounidense, que está perdiendo terreno en resultados educativos.

Así como en lectura destacan las chicas frente a los chicos, en matemáticas, en una menor proporción, obtienen mejores resultados los chicos, aunque en ambos casos parece deberse más a las motivaciones y el contexto en el que se enseñan ambas materias que a la capacidad de unos y otros. Así, los mejores resultados por países no indican una mayor inteligencia de unos sobre otros, sino que el sistema educativo de unos es capaz de desarrollar mejor que otros el potencial de sus alumnos.

En términos generales y, por tanto, con excepciones, la escuela privada prepara mejor a sus alumnos que la pública y los sistemas menos rígidos de enseñanza, la descentralización, la autonomía de los centros y una preparación no competitiva son factores que suelen lograr los mejores resultados.

Sin estar entre los mejores, España ofrece una cierta equidad, es decir, los resultados no dependen excesivamente de la extracción socioeconómica de los alumnos, y las diferencias entre los mejores y los peores no es tan elevada como en otros países, como Turquía, Hungría o Japón. A destacar también por parte de los quinceañeros españoles su actitud positiva hacia la escuela. De los 40 países estudiados, los españoles ocupan el 12º lugar en cuanto a actitud positiva hacia su centro de estudios y el 7º en sensación de pertenencia.

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